CLAVES PARA ENTENDER Y GESTIONAR EL RESENTIMIENTO

By 26 febrero, 2016Sin categoría
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La sensación a la que llamamos “resentimiento” es profundamente compleja. Altas dosis de dolor y de placer se alternan a gran velocidad. Por eso la sensación de resentimiento genera en nosotros reacciones contradictorias. En un momento podemos querer desesperadamente deshacernos de ella y en el instante siguiente no querer soltarla de ninguna manera.

Por supuesto es poco frecuente que mientras estos movimientos se están produciendo seamos conscientes de ellos.

Desde niños nos han enseñado a rechazar el resentimiento Desde un punto de vista moral el resentimiento es una sensación que debemos apartar de nuestra vida. Estar resentidos no es bueno. Es incluso pecado. De modo que cuando, por la razón expuesta, no queremos dejar partir el resentimiento, nos sentimos culpables.

Sin embargo nuestro rechazo a la sensación de resentimiento jamás ha producido o producirá su desaparición. Antes al contrario, el rechazo al resentimiento lo retroalimenta y lo aviva.

La razón técnica de ello es que el rechazo favorece que la atención se adhiera a la mente, a los pensamientos que generaron la sensación que queremos que desaparezca. La fijación de la atención en estos pensamientos producirá que la sensación se renueve y perdure. Justo lo opuesto a lo que se pretende.

La práctica de la meditación, ajena a consideraciones morales y centrada exclusivamente en enseñarnos a vivir sin resistencia lo que la vida trae en cada instante, tiene una propuesta radicalmente diferente.

Lejos de rechazar la sensación de resentimiento nos invita a sentirla sin juicio y sin resistencia, con total apertura, sin reaccionar para que se quite y sin alimentarla para que perdure.

Esa observación minuciosa puede mostrarnos cómo la sensación de resentimiento no tiene nada que ver con nosotros. Aparece y desaparece por si misma cuando se producen determinadas percepciones o surgen determinados pensamientos, sobre los que no tenemos ningún control.

Esta constatación de que nuestras percepciones, pensamientos y las acciones que estos provocan se producen por sí mismas, fuera de nuestro control, tiene el potencial de hacernos comprender que tampoco estuvo en las manos de la persona objeto de nuestro resentimiento controlar lo que pensó, sintió o hizo.

Cuando esta comprensión sucede, la sensación de resentimiento ya no vuelve, o si vuelve ya no es tanto problema. Porque en realidad lo que se ve con claridad es que el otro, el “causante”, y yo, la “víctima”, no somos dos.

Entonces, aunque pueda haber dolor, hay Paz.
-Concepción Curiel

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