CLAVES PARA SABER SI ESTOY EN “ATENCION PLENA” O SIMPLEMENTE “PENSANDO”

By 23 noviembre, 2015Sin categoría
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DIFERENTES ESTADOS DE CONSCIENCIA

Veo esta foto difundida con gran éxito en nuestra comunidad de FaceBook y me surge el siguiente comentario:

¿No es completamente MINDFOOL (una locura) , creernos MINDFUL (en atención plena) cuando en realidad simplemente estamos MIND FULL (pensando)?

Pensar es pensar, con independencia de cuál sea el contenido de los pensamientos. Tan pensamiento es aquel que relata lo que estamos percibiendo en el momento como el que relata cualquier otra cosa.

Cuando “Yo” veo los árboles del paseo o “Yo” siento el solecito de la tarde, lejos de encontrarme en un estado de “atención plena” o “mindfulness” estoy simple y llanamente pensando.

“Atención plena” (mindfulness) y “pensamiento” son estados de consciencia distintos. Difieren en LA MANERA de conocer la realidad y en las consecuencias que esto tiene para nosotros.

En los estados de “atención plena” la atención está posada y se sostiene en lo que está aconteciendo en el momento presente. Hay un percibir sensorial directo de lo que está pasando. Sin embargo NO HAY un “Yo” perceptor separado y diferenciado de lo que se percibe. No hay “alguien” que se esté dando cuenta de “algo” o un “Yo” a quien le esté pasando “algo” o no pasando “nada”.

El estado de “atención plena” más incipiente, conocido técnicamente como “observación”, se produce, por ejemplo, cuando leemos un libro de esos que nos absorben completamente. Durante la lectura estamos ausentes, aunque no somos conscientes de ello, y en ese momento lo único que hay es el relato, aunque tampoco exista un “alguien” que se de cuenta de eso. Hay objeto pero no hay sujeto.

Cuando la lectura concluye, entonces surge una sensación como de volver. Vuelve el “Yo”. Y ese “Yo”, hasta entonces ausente, se atribuye una acción que jamás realizó: la de haber leído.
Es el estado de consciencia llamado “pensamiento”. Caracterizado por la presencia de un sujeto, llamado “Yo”, separado y distinto de los objetos que percibe, conoce, siente o experimenta, y que se vivencia con el poder de controlar lo que hace, piensa, siente y comprende.

El estado de observación (ya que los otros dos estados de atención plena, la “concentración” y la “meditación”, son muy poco frecuentes) y el estado de pensamiento se alternan en nosotros a lo largo del día de manera espontánea.

El estado de observación es el estado más básico de lo que se conoce como “vivir en el presente”. Es un estado atento en el que al no haber un “Yo”, no hay resistencia psicológica ante lo que sucede y por tanto NO hay sufrimiento, aunque pueda haber dolor.

Desde el estado de pensamiento, el estado de observación siempre se evalúa como satisfactorio y eficiente.

Sin embargo, el estado de pensamiento, como dice la Biblia, es un valle de lágrimas. El “Yo” separado que opera en este estado, que en definitiva no es más que otro pensamiento, al sentirse dueño de un ficticio poder de controlar lo que sucede, genera una continua oposición y un perpetuo intento de que la vida se ajuste a lo que él quiere, que provoca un dolor que se añade al que la vida trae inevitablemente para todos los seres vivos. Este dolor específicamente humano es a lo que llamamos sufrimiento.

Lo anterior nos ayuda a comprender la insistencia de las más dispares tradiciones en salir del pensamiento y “vivir en el presente”, como vía de erradicar el sufrimiento.

Esta invitación sin embargo se malinterpreta muy a menudo. En el sentido de que el “Yo” cree que “él” puede tener acceso a la atención plena y que está en sus manos librarse del sufrimiento.

Pero eso jamás va a pasar porque los estados de atención plena precisamente se caracterizan por la AUSENCIA de ese “Yo”. De modo que hasta que esta mecánica no se ve con TOTAL lucidez lo que ocurre es que el “Yo” del estado de pensamiento en su legítimo afán de disminuir su sufrimiento lo que está haciendo es justamente lo contrario: crearlo. Retroalimenta la tensión y refuerza la falsa idea de que él tiene el poder de que las cosas sucedan.

¿Entonces qué hacer? El panorama se plantea desolador… Y desde luego ES DESOLADOR para el “Yo”.

Sin embargo, curiosa y paradójicamente, en esa desolación puede surgir la comprensión de que las cosas suceden por sí mismas, que las fuerza, la inteligencia y todo lo que hace falta para que las acciones se lleven a cabo… nos es dado. Que todo sucede por deseo y gracia de Dios…

Esa comprensión, lucidez, o como queramos llamarlo, produce un debilitamiento del “Yo”, que tiene como consecuencia inmediata la disminución del sufrimiento y, en algunos casos, su total erradicación.

No es que el “Yo” acceda a vivir en el presente o en estado de atención plena sino que es la ficción de su existencia se va disolviendo y cuando esto ocurre lo que queda es un estado de atención plena (en sus diferentes grados) en el que la mente se limita a realizar su trabajo meramente (y brillantemente) operativo que permite a la persona comunicarse y funcionar correctamente en la vida. Es el fin, o al menos la disminución, del sufrimiento.

Y de nuevo surge la pregunta: “entonces ¿qué pudo hacer para que esa comprensión que disolverá el “Yo” y eliminará mi sufrimientos surja? ”.

En estos casos mi maestro suele decir: “Haz lo que en cada momento consideres que tienes que hacer. Y no le des vueltas, si puedes”.

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