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APUNTES SOBRE LA PRACTICA MEDITATIVA I (4/10)
La práctica meditativa se puede abordar desde lo que CREEMOS QUE ES; o desde lo que en realidad ES. La perseverancia en la práctica nos hará pasar de un punto de vista al otro pero en realidad, podamos reconocerlo o no, nunca abandonamos del todo el primero.Se hablan maravillas de la práctica meditativa y de sus beneficios. De modo que cuando nos acercamos a ella tenemos ya una cierta idea, aunque sea muy vaga, de lo que es y de lo que deseamos obtener de ella.

Existe por ejemplo la creencia de que hay que dejar «la mente en blanco» y también la de que con la meditación se experimenta paz, relajación o algún estado de conciencia extraordinario. En general esperamos que la práctica nos aporte serenidad y que nuestra vida sea más grata.

Con estas expectativas comenzamos a asumir con ánimo y paciencia las dificultades que plantea esta exigente práctica. Sin embargo después de algún tiempo, si nuestras ideas de lo que tenía que ser no se cumplen y nuestra vida no mejora del modo que esperábamos, empezaremos a sentirnos defraudados, desmotivados y cada vez nos resultará más difícil vencer la resistencia a sentarnos a practicar.

Es un momento de crisis que muchos practicantes no llegan a superar. Algunos abandonan la práctica. Otros cambian de técnica o de profesor con la esperanza de encontrar así lo que esperan. Con lo que vuelta a empezar.

Sin embargo, para un reducido número de practicantes, este complicado momento, que reaparecerá en diferentes etapas de la trayectoria meditativa de manera cada vez más sutil, representa un punto de inflexión y madurez. De algún modo se empieza a comprender que la práctica no está ahí para satisfacer los deseos de nadie por muy humano y legítimo que esto sea; que la práctica no es una herramienta para conseguir nada.

En este punto, un gran bloque de creencias respecto a la práctica meditativa cae, dejando paso a la directa percepción de lo que la práctica de la meditación momento a momento efectivamente ES.

La práctica meditativa pasa de ser un medio para conseguir lo que yo quiero a ser un fin en si misma.

Ya no se trata de que la práctica vaya a producir o no un beneficio. La práctica simplemente nos permite asistir a lo que ES en cada instante. La práctica se percibe como una expresión de la vida misma. La práctica es quien soy.

Ya no hay una razón o un propósito para sentarse a meditar, al menos en apariencia. Uno se sienta por el puro gozo de ser. Gozo que no se ve en absoluto afectado por el hecho de que a veces no apetezca, haya dolor o un desesperado deseo de que las cosas sean diferentes a como son.

Cuando la práctica alcanza este punto, ya no se aprovecha el tiempo ni se pierde. Como el pájaro cuando canta.

– Concepción Curiel

 

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