Skip to main content

Queridos amigos:

Nunca ha sido tan necesario como ahora el aprender a contemplar.

Vivimos en una época obesa de información, comunicación y estímulos que fragmenta y obliga a nuestra atención a dispersarse en un continuo y agotador cambio de foco entre diferentes tareas y fuentes de información.

El endiosamiento de la eficiencia y la aceleración que esta conlleva, han transformado la natural y estimulante auto exigencia propia del ser humano, en una voz despiadada y tirana que inútilmente endurece nuestra vida. La sensación de no llegar o de no hacer suficiente es una constante.

En este estado de cosas, nuestra capacidad de atender de manera lenta y prolongada, de permanecer gozosamente inactivos e improductivos ha quedado prácticamente atrofiada. No resulta por tanto de extrañar que la hiperactividad y, su polo opuesto, la depresión, sean las patologías que definen nuestra era.

La dramática consecuencia de todo ello es que el natural sosiego del organismo vivo que somos ha quedado prácticamente desterrado de nuestra vida. Víctimas de la tiranía de la mente, sentimos tal añoranza, que la paz y el sosiego constituyen el anhelo más profundo del hombre contemporáneo.

Por eso resulta imprescindible aprender a contemplar.

Contemplar significa parar.

Contemplar significa desarrollar en nosotros la habilidad de mirar con calma y paciencia lo que ocurre dentro de nosotros y también a nuestro alrededor. Significa aprender a no reaccionar inmediatamente ante lo que sentimos y gobernar con soberanía los continuos impulsos que la mente nos impone.

La contemplación proporciona una lucidez que nos libera del yugo de la mente y nos convierte en verdaderos protagonistas conscientes de nuestra vida.

Los beneficios del aprender a mirar son tales que desde la filosofía y la religión vienen siendo continuas las llamadas a la revitalización de la vida contemplativa. Ya en ‘El ocaso de los Dioses’ Nietzsche insistía en lo imprescindible de aprender a mirar considerando esta actividad como “cultura superior”.

También en esta dirección, se pronuncia el propio Papa Francisco, en su brillante discurso de denuncia de las quince ‘enfermedades’ que aquejan a la curia, en el que nos advierte del “exceso de laboriosidad” y nos invita al “descanso”.

La práctica de la meditación se presenta como la herramienta idónea para el aprendizaje y desarrollo de esa capacidad de contemplar a la que nos venimos refiriendo.

En concreto, la Meditación Vipassana ocupa un lugar de preferencia dentro de la multitud de técnicas existentes porque trabaja y purifica los niveles más profundos de la mente. Su extraordinaria eficacia ha quedado acreditada por recientes estudios científicos y por el testimonio de millones de practicantes en todo el mundo.

Espero con sinceridad que esta prodigiosa técnica sea para vosotros el mismo tesoro y ayuda que es para mí.

Concepción Curiel

 

Leave a Reply

0
    No tienes reservas en el carrito